fauna parque nacional

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Al igual que la vegetación, la gran variedad de ambientes determina una riqueza faunística y una amplia representación de especies animales, repartidas entre diferentes biocenosis y variadas altitudes. Muestra especialmente ligada a los hábitats de alta montaña. Se ha catalogado un total de 5 especies de anfibios, 8 reptiles, 65 de aves nidificantes de la 106 que se han observado, así como 32 mamíferos. Con la presencia de varios endemismos y, hasta hace poco, la extinguida subespecie Capra P. Pyrenaica, resultado de un abuso de la caza, degeneración genética y competencia con otras especies.

Pese al extraordin rebeco (sarrio) rebeco (sarrio) ario desnivel, el interés se centra más bien en los biotipos desarbolados, por encima de los 2000 metros, y en las especies vertebradas que albergan. Una de las formas más notables y de singular interés de población de Vipera Aspis de Ordesa, que posee notable poliformismo y cuyo estatus taxonómico está todavía por decidir, y el tritón Euproctus Asper que presenta también entidad subtaxonómica.

Si bien las restantes formas de vertebrados no se singularizan solamente en el Parque, algunas de ellas, propiamente pirienaicas, mercen destacarse. La forma enana del Emiño (Mustela Erminea), propia del pasto alpino que se concentra en la vecindad de los refugios de montaña. La lagartija autóctoma de montaña (Lacerta Monticola), endemismo propio de las gleras alpinas y subalpinas, por encima de los 2000 metros, de f quebrantahuesos quebrantahuesos isiología muy peculiar, capaz de soportar temperaturas extremas. De las aves citar el elegante Treparriscos (Tichodroma Muraria), que vive alrededor de los cantiles, nidificando por encima de los 1500 metros. El conocido Quebrantahuesos (Gyapetus Barbatus), la Perdiz Nival (Logopus Mutus), ave terrestre que se disimula en la laderas de tipo periglaciar, el Urogallo (Tetrao Urogallus), que se esconde en los bosques espesos y silenciosos.

Mencionar la extensa población de sarrios o rebecos (Rupicapra R. Pyrenaica), con cifra, que para todo el territorio del Parque, puede superar los 1500 ejemplares. La abundancia del jabalí, con especial incidencia en Añisclo y Escuaín, con huellas visibles en fajas y praderas. La extensión de la marmota, en relativamente poco espacio de tiempo, que hoy ya hace familiar su silbido en muchos del los itinerarios. La profileración de víboras en los prados y pastos altos, ya menos utilizados por el ganado. La presencia de nutrias, ra marmota marmota na roja, y de micromamíferos, del lirón careto al topo. Una ámplia representación también a nivel inferior, a ras del suelo. Mariposas en diversidad y buen número, arañas, saltamontes, mil insectos distintos.

Marcar la influencia de los pisos en la mayor o menor presencia de especies de aves. En los niveles superiores de altitud sólamente figura representada el 27% de las especies conocidas en el Alto Aragón. Algunas sumamente interesantes como la Bisbita rivereño alpino (Anthus Spinoletta), nidificante en el suelo, el gorrión alpino (Montifrigilla nivalis), el acentor alpino (Prunella collaris), que se alimenta en las praderas alpinas y nidifica en la grietas. Y al nivel de acantilados, las chovas piquirroja y piquigualda y el colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros). En el pinar y matorral subalpino el número de especies sube al 49%, con el edemismo montano europeo Serinus citrinella o verderón serrano, como ave típica. En el nivel montano se llega al 74% de las especies y la población se hace mucho más variada. Y en el piso submediterráneo, la abundancia llega al 99%.

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