qui Caium veterem Tagumque nostrum
Arpis cedere non sinis disertis
Ya Marcial, el poeta latino nacido en Calatayud, nos decía hace 2.000 años que el Moncayo era llamado Mons Caius, el monte cano, por lo romanos, porque sus nieves perpetuas le daban una apariencia canosa. No sé si las nieves serían de verdad perpetuas entonces; hoy no lo son, pero tal día como hoy, el Moncayo amanecía nevado.
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No sé a qué hora he llegado al aparcamiento de Haya Seca, a 1.580 m. de altitud, pero el termómetro marcaba 3 grados bajo cero. La cosa pintaba mal, porque me ha costado un montón seguir la helada pista hasta el santuario, a 1.620 m., entre constantes resbalones. Era la primera vez (iban a ser unas cuantas) que desistía del intento de hacer cumbre, viendo lo que me costaba andar. Me hice a la idea de dar un paseo, sacar unas fotos y volver a casa a comer.
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El caso es que el terreno va mejorando, hay una fina capa de nieve pero se sube bien, así que continúo más animado. Pronto alcanzo "el cucharón", el fondo de la hoya de San Miguel. Desde aquí se gira a la izquierda por unas zetas que, primero entre pinos y luego entre roca, nos dejan en el pico San Juan.
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El camino está bien marcado y no tiene pérdida; además, está bastante concurrido. Ya no tengo tanto frío (las primeras rampas, que son durillas, te calientan enseguida) y me entretengo haciendo fotos a los árboles.
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Hacia los 2.100 m. me encuentro un cartel de esos que la Organización pone para acojonarme:
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Lo que pasa es que esta vez, lo consiguen. La verdad es que he pegado un par de resbalones (sin contar los del principio de la pista) y no me entusiasma la idea de volver rodando al fondo del circo glaciar. Decido esperar un poco; veo que baja un montañero calzado con crampones y... me doy la vuelta. Yo no tengo. El caso es que no veo motivos para patinar tanto, ¿habré pisado un charco de aceite? Al rato me cruzo con otro montañero que me confirma que los crampones no son necesarios y decido volver para arriba con cuidado, porque debo estar bastante torpe. La verdad es que el terreno no está tan mal y llego al alto de San Juan sin problemas. Estoy muy cerca del objetivo.
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No sé cómo explicar cómo pegaba el viento al llegar arriba. No sé qué temperatura había pero, unida al viento, la sensación térmica se podría definir técnicamente como "frío de tres pares de cojones". Jodóoooo, hoy ha debido pegar fuerte el cierzo en Zaragoza, ¿no? Las vistas son extraordinarias; los Pirineos nevados, la Sierra Cebollera y Urbión, Tarazona y los pueblos de los alrededores... toda una maravilla. Pero, la verdad, se quitan las ganas de disfrutarla. No hay quien pare a hacer una foto. Sigo adelante, apenas queda remontar una pala de nieve para llegar a la cumbre
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Y aquí llega mi nuevo amago de retirada. Al ir a levantar el pie derecho siento un dolor tremendo en el tendón de Aquiles (o por ahí, vamos). Me cuesta un huevo dar un paso. Vaya mañanita. Los 50 metros que me deben quedar me parecen un mundo. Pienso en volverme, pero no puedo ¡si está ahí! Durante unos minutos me cuesta un gran esfuerzo cada paso pero, afortunadamante, se me pasa rápido. Uf, ya puedo continuar tranquilo. Enseguida alcanzo la cima con su correspondiente colección de cruces, vértices geodésicos y demás parafernalia.
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Vértice geodésico:
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Cruz a la Virgen del Pilar
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En la cima hay unos curiosos parapetos de piedra para protegerse, supongo, del viento. Me acurruco en uno de ellos para echarle un trago al Tang y... ¡una leche! ¡Se ha congelado! Bueno, no importa, me voy a comer una barrita para coger fuerzas... pues tampoco. Está como una piedra, casi me rompe los piños. Jodó, qué mañanita... Aquí estoy yo con cara de circunstancias en el parapeto
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Bueno, no hay quien aguante en la cima, así que tiro para abajo. El viento es todavía más fuerte que antes y cuesta mucho mantener la dirección deseada. Me cuesta unos 20 minutos alcanzar de nuevo el cerro San Juan, donde se abandona el cordal y el viento y el frío se vuelven más condescendientes. Para abajo, más resbalones; no lo puedo entender, pero me estoy deprimiendo. Pronto alcanzo a un grupito que dejó la cima un poco antes que yo y veo que bajan con cierta comodidad mientras yo las paso putas para no bajar patinando. ¿Se me ha olvidado andar?
El descenso se me hace larguísimo; una hora y media que me parecen tres. Lo peor de todo es el tramo de pista desde el Santuario hasta el coche; veo que sube gente con zapatos, tranquilamente, a tomar café al Santuario. Yo, en cambio, sigo luchando para mantenerme en pie y acabo en el suelo más de una vez
Bueno, pues igual que cuando disfruto como un enano lo cuento, hoy tengo que decir que he sufrido y, a ratos, lo he pasado mal. El tema de los resbalones me tiene desconcertado y sólo se me ocurre que a las botas se les acabó ayer la garantía. Me queda el consuelo de que, aunque hoy haya pasado algún mal rato, mañana me quedaré con los momentos buenos, que también han sido muchos.
Un saludo.
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No heredamos la tierra de nuestros antepasados, sino que la tomamos prestada de nuestros hijos.

















que de nieveeee... que bonitoooo...
Imp , la de los arboles cargados de nieve , aunque son todas bonitas , como dice


y lo dicho enhorabuena por el reportage 

































