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del ayuntamiento que engloba a otras diez entidades, situado a 905 m. de
altitud a orillas del río Ara. De origen medieval con 51 fuegos en 1495
cuenta con 183 habitantes en la actualidad, que mayoritariamente alternan la
ganadería y la explotación turística. El casco urbano
ofrece un aspecto moderno y urbanizado escondiendo entre sus calles
algunos bellos ejemplos de arquitectura popular. La iglesia parroquial de San
Pedro Apóstol de finales del siglo XVI se alzo en lo alto del pueblo formando
ante la puerta una placeta mirador.
Atravesada
por la N-260 en una hondonada apacible de campos y prados, a las faldas de
Diazas, Pueyo (2028 m), Campaneta (1893 m) y Manchoya (2034 m). Su población
se halla repartida en las dos orillas del río Ara que lo cruza por su centro
y el nombre podría tener origen euscara y significa “lugar cubierto de
muchas zarzas”. Parece ser que recibió esta denominación de sus primitivos
pobladores y que en el medievo hubo allí una fortaleza para defender el paso
del río, que se efectuaba por el antiguo puente, del que solo quedan los
estribos.
Su
situación estratégica y fronteriza a la puerta de los valles superiores del
Ara y su condición de punto de
paso para el valle del Gállego confirieron a Broto importancia militar en las
expediciones guerreras medievales.
En
la antigüedad se llamó a esta villa Bergoto o Bregoto, de
indudable abolengo germánico, etimológicamente hablando (Berg-Otto).
El historiador García Ciprés dice que tomó su nombre de una antigua familia
de este linaje, que se estableció a orilla del Ara en el época de invasión
árabe en España, levantando un castillo en el actual emplazamiento de la
villa, sobre la cual ejerció su pleno dominio temporal al surgir ésta,
posteriormente, en torno a la fortaleza defensiva.
El
cronista Zurita añade que los condes de Pallars se apoderaron de Broto y su
valle cuando en 1010 llegaron al Sobrarbe. Con todo, dejando aparte algunos
documentos de la época de Ramiro I en los que aparece la grafía (Bergoto)
Broto, por su dudosa autenticidad, se alude expresamente
a este topónimo en un diploma fanlense de 1076, que versa sobre la
donación que hizo doña Oria de sus propiedades de Sarvisé y Oto, en
presencia de Sancho Garcés de Broto, al monasterio de San Jenaro, a orillas
del Gállego. Precisamente en este documento suprabense de hacia 1090, se
habla de la participación de bienes en Broto entre el mencionado Sancho Garcés
y Galindo Aznáres. De este documento se valió el erudito Ramón Menédez
Pidal en su obra “Orígenes del Español” para el estudio de nuestra
lengua en el siglo XI, por ser uno de los primeros que se redactó en romance
antiguo.
Refiere
J. Conte, que varios documentos catedralicios oscenses aluden a Broto
repetidamente. Así, en 1120 Fortuño Garcés de Novales se ofrece para canónigo,
dando a la catedral cuanto posee en Broto. El 22 de mayo de 1152 María Pérez
empeña a Frontín y Urraca, cónyuges, sus propiedades en Broto. En febrero
de 1175 figura como testigo Fortuño López de Broto en una confirmación de
venta entre Urraca de Bergua y el diácono Fortuño de Arbaniés. En Abril de
1178 se nombra a Ramón de Broto como testigo en una permuta habida entre el
obispo oscense Esteban y el “scriptor” Andrés. Por último el 14 de
agosto de 1189 Fortuño de Tena otorga testamento en favor de la catedral
oscense de sus propiedades en Broto.
Según
García Cipres hace constar, don Pedro Sancho de Broto suplicó en 1338 al rey
Pedro IV que le confirmara su nobleza hidalga, cosa que obtuvo del Justicia de
Aragón, en nombre del monarca, el 15 de enero de 1339, haciéndose constar en
dicha confirmación que de esta familia habían tomado su nombre el valle y la
villa de Broto, sobre la cual ejercía su juridicción temporal.
En
1295 el pueblo de Broto era de propiedad real y en su valle se integraban las
poblaciones de Linás de Broto, Fragen, Yosa, “Solvaçano”, Escartín,
Torla, Castiello de Moriello, Urús y Gascue. Más adelante el 17 de julio de
1403 el rey Martín I de Aragón concedió a Juan de Broto el peaje que se
recaudaba en este poblado de la misma forma que lo había tenido antes Alfonso
de Torla. Extinguido el señorío de los Broto sobre la villa de este nombre,
quedó ésta muy pronto del exclusivo dominio de la Corona, apareciendo como
realenga a finales del siglo XIV.
El
13 de mayo de 1418 el rey Alfonso V de Aragón otorgó un privilegio a Broto,
prometiendo no enajenarlo de la Corona, incluyendo los lugares de Linás,
Fragen, Escartín y Yosa.
Carlos
Soler hace referencia a que el valle de Broto se declaró en 1512 a favor del
rey Fernando el Católico contra el reino de Navarra y el condado de Bigorre.
En
1521 el rey de Francia se preparaba para promover la guerra a favor del joven
Enrique II, titulado rey de Navarra; por lo que, enterado los brotenses,
acordaron enviar a los síndicos Pedro Lardiés, Pedro Gavarre, Miguel
Casanova y Domingo Desclanes al consistorio de diputados de Aragón el 3 de
agosto de dicho año, pidiéndoles apoyo y la ayuda necesaria. Cinco días más
tarde llegaron a Zaragoza, donde tuvieron favorable acogida.
Los
“Anales de Labeda” citados por Briet, señalan que muchas casas y el
propio hospital de Gavarnie fueron saqueados en el año 1523 por los valles de
Broto, después de declarada la guerra entre Francia y España y anunciada la
conclusión del acuerdo existente entre aquellos desde 1390. Los
acontecimientos más importantes de estos periodos de tiempo, en la historia
del valle de Broto, son efectivamente, las discordias con el vecino de Bereges, por la posesión de las tierras de pasto en las vertientes de esta última
comarca, que los primeros vinieron usando desde épocas remotas; al serles
disputados hubo una serie de luchas armadas entre los habitantes de estos
valles, y perdonándose previamente toda ofensa y daño, las dos partes
pactaron el 2 de julio de 1390 una tregua de ciento un años, reconociendo la
común posesión de las montañas en litigio. El tratado o “pacería”
anterior fue restablecido por laudo arbitral el 1 de julio de 1575 que luego
fue sufriendo modificaciones con los años.
En
1523 los habitantes de Broto y su valle comunicaron a sus vecinos de la
vertiente francesa la ruptura de la paz, invadiendo al poco Gavarnie, donde
saquearon el hospital de San Juan de Jerusalén y otros edificios, según
afirma el historiado galo Sarramón. Los litigios entre Broto, Linás y Fragen
sobre aprovechamiento de pastos trataron de ser resueltos amistosamente en
1549 y en 1550 principalmente; pero, al continuar éstos, se procedió a
nombrar árbitros para dirimir la cuestión, así lo fueron el licenciado
Pedro Barrau, rector de Asín y Comisario de Santo Oficio; Isidro Claver, señor
del lugar de Lardiés y de la pardina de Trillo; Juan Pascual y Juan Cajol de
Torla; Juan Villamana de Broto; y Miguel Arnal de Linás. El 20 de agosto de
1603 dictaron sentencia arbitral ante Martín de Santa María y Pedro del Río,
notarios respectivos de Broto y de Linás, acordando amojonar los diezmarios y
tierras de labor, marcando pasos cabañales y lo que había de ser término
propio de cada una de las tres localidades, dejando fuera de los mojones lo
común de cada una de ellas. También se dictaron normas para el
aprovechamiento de pastos en el Boalar y puerto de Soaso, en las pardinas de
Orús y Escuer, y costear en esta última la reedificación de la ermita de
Santiago con 40 libras jaquesas.
La
guerra de Sucesión tuvo sus incidencias en la zona, y en 1712 fue firmado en
Gavarnie un nuevo convenio entre los de Broto y Bareges por el que continuaba
vigente el derecho de propiedad de los primeros, mediante el pago de un canon.
En
el año 1785 se le otorga a Broto el título de Villa; siguiendo en su condición
de realengo que ya tenía.
El
12 de julio de 1808, durante la Guerra de la Independencia, el general oscense
don Felipe Perena organizó tres tercios de mil hombres cada uno para ir al
Pirineo, destinando a uno de ellos a Broto y su valle, cuyos habitantes
conjuntamente con los soldados de Perena se cubrieron de gloria contra los
invasores napoleónicos.
En
el año 1834 se constituye en Ayuntamiento.Por
el tratado de delimitación de 14 de junio de 1862, firmado por Napoleón III
de Francia e Isabel II de España, se establecen los derechos de ambos valles
a las montañas fronterizas y las formas y fechas de utilizar los pastos, que
luego son rectificados en algunos aspectos.
Broto
es una excelente estación veraniega, tanto por la suavidad de sus
temperaturas estivales como por su incomparables paisajes y el centro económico
y comercial del valle. Su templo parroquial, con cuadrada torre rematada con
almenas, es de estilo gótico; de una nave, con bóvedas de crucería. Su
puerta está adornada con seis archivoltas labradas, que se apoyan en
pilastras. En dos de ellas consta una inscripción que dice que en el año
1578 Antón de Celma y Juan de Uxolxa la hicieron. Esta parroquia de San Pedro
Apóstol perteneció al arcedianado de “Las Valles” y fue asignada a la diócesis
oscense por Inocencio III en sus bulas “IN EMINENTI SEDIS” y
“NE LITES AMICABILI”, expedidas en Letrán el 27 de mayo de 1203.
En el siglo XIII ostentaba la categoría de rectoría, conservándola hasta el
siglo XV, en cuya época quedó convertida en vicaría, con un titular y tres
racioneros. El 1 de octubre de 1559 el director Pedro
Vitales, provisor diocesano y más tarde abad de Montearagón, visitó
la iglesia de Broto en nombre del obispo oscense don Pedro de Agustín. A
mediados del siglo XVIII el director Pedro de Santa María, deán de Arequipa
(Perú), dejó importantes sumas y objetos de arte a su villa de nacimiento, y
eran varias las familias que todavía en el siglo XIX ostentaban el patronato
de algunos altares. Así, la familia Santamaría tenía el altar del Pilar; la
de Felices, el de la Piedad; la de Sesé, el del Santo Cristo; la de Buisán
el de Santa Quiteria; y la de Sierra la de la Concepción. También existían
las cofradías siguientes: San Pedro, San José, Nuestra Señora del Rosario,
Nuestra Señora del Morillo; la de “Letrados” y la de Nuestra Señora de
la Piedad. Esta última se fundó el 7 de septiembre de 1503 y estaba
compuesta por siete sacerdotes y veinticuatro infanzones, siendo conditio
sine qua mon para los laicos el haber probado su infanzonia. Por último,
la iglesia de Broto pasó al obispado de Jaca por Decreto 1416/54 de la
Sagrada Congregación Consistorial, firmado por el cardenal Piazza el 2 de
septiembre de 1955 y ejecutado el 1 de enero de 1956.
En
la orilla izquierda del Ara se levanta la denominada “Casa del Valle”,
imponente caserón, donde se celebran las reuniones de la Junta de la
Mancomunidad que vigila la aplicación de los privilegios otorgados por Jaime
II de Aragón en 1 de julio de 1323, y confirmados posteriormente por Pedro
IV, Juan I, Alfonso V y Felipe II, por los cuales el valle posee en el término
de Torla diversos montes, así como administra las montañas y pastos propios
de Bareges. La componen 16 junteros y un presidente que por turno es de los núcleos
urbanos de Broto, Oto, Torla y Linás y desempeña el cargo durante dos años.
Merece visitarse la llamada ermita de San Clemente en el interior de la
población y cuyos muros tiene la clásica arquitectura de estas montañas.
Queda algún resto de la que fue la iglesia de la Piedad, que tuvo importante
cofradía. La villa esta dividida por el Ara en dos barrios llamados “Los
Porches” y “Santa Cruz”.
En
las afueras se encuentra una urbanización llamada “Nuevo Broto” que es un
importante núcleo de edificios turísticos y residenciales. Junto a ella se
levanta la pequeña y románica ermita de San Blas, obra de comienzos del
siglo XII, de planta de cruz latina y bóveda de medio cañón, con techumbre
de losa. En los alrededores, llenos de sugestivos parajes, se encuentra la
cascada de Sorrosal, por lo que este barranco se precipita desde más de 50 m.
de altura antes de unirse al Ara;
y la ermita de Nuestra Señora de Murillo,
ésta a 1470 m. de altitud, sobre una loma desde la que se aprecia amplia
panorámica del valle. Se va en romería el 1 de mayo y su edificio rústico,
de piedra, fue construido a finales del XVII.
La
villa ha sido cuna de notables linajes altoaragoneses: el de los de Broto,
cuyo escudo de armas figura ahora en el sello municipal; los Allué, Aznar,
Buisan, Felices, Ferres, Gabás, Gallan, Linas, Más, Ortíz, Otñin, Santa
María, Sesé, Villamana, Español, Ribera, Acin, Cadena, Cajol, Maza, Orú y
otros muchos, que, ganaron su nobleza y ejecutorias infanzonia, en la defensa
de las tierras y en la conquista de otras al servicio de los reyes aragoneses.
La
Heráldica Municipal de Broto queda plasmada en un escudo partido en palo: En el
primer cuartel, de oro, encina de sinople con su copa partida por un rayo -y un
ave posada en la rama desgajada, que son armas de los de Broto, sus primeros señores
jurisdicionales-; en el segundo cuartel, de oro, los cuatro palos de gules de
Aragón -por su calidad de realenga desde finales del XIV-. Como timbre del
escudo, la corona real.
Entre
los más antiguos del Pirineo puede considerarse el dance típico o pastorada de
Broto, que se llama “palotiau” en el que intervienen como danzantes los
mozos, formando grupos de cuatro, quienes ejecutan evoluciones y pasos lentos,
siguiendo la melodía clásica que se realiza el primer domingo de Octubre y en
la procesión del Corpus.
La
población se encuentra bien dotada de establecimientos turísticos, en ella se
practica el deporte de la pesca y caza, actividades de aventura: trekking,
rafting, descenso de barrancos, BTT...
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