Pintoresca
villa situada a 1033 m. de altitud, en la margen derecha del río Ara y uno de
los pueblos más típicos de la zona pirenaica. Rodeado de cinco picos que van
desde los 2000 a los 2848 metros, con sus laderas cubiertas de tupidos y
verdosos bosques de pinos.
El
núcleo urbano de Torla esta apiñado sobre un acantilado horadado para dar paso
a la carretera, destacando la iglesia. Desde ella puede contemplarse el Valle de
Broto al Sur y la imponente mole de Mondarruego 2848 m. de altitud al N. en el
interior ya del Parque Nacional de Ordesa. Consta el pueblo de calles empinadas, en su
mayoría con pavimento de losas o cantos rodados. Algunas casas sobresalen
voluminosas y características chimeneas de esta parte del Pirineo, con balcones
corridos, presentando esculpidas en piedra los amplios portalones fundadores de
la mansión, antiguos infanzones del reino de Aragón entre los que destacan los
Allué, Lardiés, Lascorz, Oliván, Orús, Pascual y Víu.
El nombre de Torla, según Maucant,
es una corrupción de “torrecilla”, aunque nada se conserva del torreón o
castillo que debieron construir los habitantes de la villa para defenderse de
las primeras invasiones de los franceses durante el reinado de Juan II. En los
tiempos de Fernando el Católico (1512), según Zurita, Torla sufrió otro asedio y
saqueo, esta fortaleza estaba en el espolón de la Iglesia. En el siglo XIV era
villa de realengo, así como sede de vicaría.
El templo parroquial, reconstruido, tiene una bella portada románica, alterada
en épocas anteriores, recientemente se han descubierto unas pinturas pendientes
de catalogar.
Las fiestas son el 12 de Octubre, día del Pilar, ese día se realiza la
tradicional danza del Rapatán: Tradicionalmente cada casa tenía unas enseñas
que la representaban; las mozas del lugar las recogen todas y las prenden en un
ramo. Los danzantes bailan; primero sale el mayoral, el de mayor edad a la
plaza. Corriendo, sacando del corro formado por seis vecinos, a los danzantes,
uno a uno señalándoles con el ramo de las enseñas.n; primero sale el mayoral, el de mayor edad a la
plaza. Corriendo, sacando del corro formado por seis vecinos, a los danzantes,
uno a uno señalándoles con el ramo de las enseñas.
Por último, saldrá el rapatán, o más joven. Todos juntos encorren a
las mozas durante algunas vueltas para luego despistarse por una calle y reponer
fuerzas a base de vino y pastas. De regreso, a los pocos minutos, el mayoral
irá dejando a cada danzante en el mismo lugar donde estaba cuando lo
requirió. La danza termina cuando después de retornar a su sitio a los
danzantes el mayoral
ha conseguido despistar al rapatán, que no sabrá donde lo ha perdido de
vista. Así como los bailes del Paloteau y el de la Jota tienen
versiones similares en los pueblos de la comarca, éste Rapatán es
exclusivo de la Villa de Torla. Parecer se que se trata de una danza de pastores
y que entre ellos se desarrolla una lección de aprendizaje. El mayoral,
pastor más viejo, debe enseñar al rapatán, el más joven, a recoger y
reconocer el rebaño. Los danzantes acompañan en procesión a la Virgen
del Pilar, con palos, uno en cada mano, que golpean fuertemente entre sí y
entre ellos, junto con acordes de violín y guitarras.