Islas Diómedes

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Islas Diómedes

por class » 03.05.2010 - 20:40

En los días que precedieron al vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín se habló mucho del Telón de Acero, de su condición de frontera entre dos mundos, el capitalista y el comunista, entre dos bloques, la OTAN y el pacto de Varsovia, entre dos concepciones de la vida y la libertad, con todos los matices que se quieran. Apenas se ha hablado, sin embargo, del descongelamiento de la que era la única frontera directa entre las dos superpotencias que ejercían de líderes de sus respectivos bloques, Estados Unidos y la Unión Soviética. En el límite entre el Océano Glacial Ártico y el Pacífico se encontraban, y se encuentran, dos islotes, uno perteneciente a cada superpotencia, y separados tan sólo por un brazo de mar de apenas tres kilómetros de ancho. En un mundo donde los misiles intercontinentales amenazaban con recorrer miles de kilómetros de un lado al otro del mundo, uno y otro país podían atacarse casi a pedradas cada uno desde su propio territorio. Entre los dos islotes discurría una línea invisible y amenazadora, que dada su situación sólo podía denominarse de una manera: El Telón de Hielo.

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El Estrecho de Bering, con EE.UU. a la derecha y Rusia a la izquierda. Entre medias, las islas Diómedes.


Las Islas Diómedes son dos pequeños islotes situados entre América y Asia. Con gran originalidad, la más grande se llama Diómedes mayor y la más pequeña Diómedes menor, aunque en el idioma esquimal local se denominan, respectivamente, Imaqliq e Inaliq. Se encuentran situadas en mitad del Estrecho de Bering, entre las penínsulas de Seward, en Alaska, y Chukotka, en Rusia. En el tratado de 1867 que reguló la venta de Alaska a Estados Unidos por parte de Rusia se especificaba que la frontera entre los dos países transcurriría de norte a sur equidistante de las dos islas hasta perderse en los océanos Pacífico y Ártico. En el momento de la división, como suele suceder en estos casos, algunas familias quedaron separadas por la nueva frontera, lo que, de todas maneras, no supuso demasiado problema puesto que el tránsito de personas a través del estrecho brazo de mar entre las islas siguió siendo tolerado. Hasta que llegó la Guerra Fría.

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Rusia a la izquierda, Estados Unidos a la derecha


Después de la II Guerra Mundial el cruce de la frontera marítima quedó prohibido. Los dos pequeños pedazos de tierra (la Diómedes pequeña tiene poco más de siete kilómetros cuadrados de superficie, por 29 de su hermana mayor) quedaron aislados el uno del otro, convertidos en los puntales de dos potencias inmensas y enfrentadas. La URSS trasladó a los habitantes de la Diómedes mayor al continente y repobló Ratmanov (nombre de la isla en ruso) con un pequeño destacamento militar, mientras que en la isla menor permaneció el pueblo de Diómede, que en la actualidad cuenta con 150 habitantes. Muchos parientes se perdieron de vista y nunca volvieron a verse debido al traslado y al cierre de la frontera, aunque según la propaganda soviética los habitantes de la isla mayor intentaron convencer a sus parientes de la isla menor para que desertaran y se fueran con ellos. Uno de los casos más famosos de cruce de una isla a otra lo protagonizó en 1987 la norteamericana Lynne Cox, que cruzó a nado los cuatro kilómetros de aguas abiertas que separan las dos islas, en un intento por rebajar las tensiones de la guerra fría, y cuyo éxito fue celebrado tanto por Gorbachov como por el entonces presidente Ronald Reagan.

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El pueblo de Diómede en las orillas del Ártico


Las condiciones climáticas de la isla no son lo que se dice tropicales, algo habitual al norte del paralelo 60. Para llegar a las Diómedes no existe transporte regular; con las aguas libres de hielo sólo durante el verano, vientos huracanados todo el año y una orografía que hace imposible construir una pista de cualquier tipo, la única manera de llegar a la isla de forma segura es en helicóptero. De hecho así llega el correo, que se deposita una vez por semana en la localidad.

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Rusia a la derecha, Estados Unidos a la izquierda. Las Islas Diómedes vistas desde el norte



Entre ambas islas no sólo pasa la frontera entre Rusia y EE.UU. La línea internacional de cambio de fecha también se encuentra entre ellas, de manera que desde la Diómedes menor miran al “mañana”, y desde Rusia, al “ayer”. La diferencia horaria entre ambas es de 21 horas, de manera que cuando en el lado ruso son las doce del mediodía, cuatro kilómetros al este son las tres de la tarde del día anterior. En realidad, como es lógico, la hora solar en ambas islas es exactamente la misma, situadas como están al este del meridiano 180. En invierno, cuando el mar se congela, las dos islas quedan unidas por el hielo, y ese trozo de océano se convierte en el único lugar del mundo en el que se puede cruzar de ayer a hoy o de hoy a mañana… a pie. :shock:

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Una vista de Rusia desde Alaska, tal y como dicen que dijo Sarah Palin en la campaña electoral americana de 2008


Como soñar es gratis, a lo largo de los años se han realizado varias propuestas para unir las dos islas con sus respectivos continentes, para construir un puente o un túnel intercontinental que conectaría América con Asia, y de paso con Europa y África. También habría que construir las carreteras que llevarían hasta allí, por otro lado. La primera propuesta, de hecho, partió del ingeniero que diseñó el Golden Gate, a finales del siglo XIX, pero el Imperio Ruso rechazó la idea. El coste de todas las obras necesarias para unir América y Asia podría multiplicar por mucho cualquier obra de ingeniería realizada hasta el momento, por lo que hasta ahora ninguna de las propuestas ha pasado de ser una idea muy atractiva. Quizá a lo largo de este siglo lo veamos. Hasta entonces las dos diómedes estarán tan cerca y tan lejos como dos continentes distintos

gentileza

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