PARQUE NACIONAL ORDESA Y MONTE PERDIDO: Valle Bujaruelo.

BujarueloOriginal en su orientación SE., sigue el camino de las aguas y los vientos, el temido cierzo, frío secante. Allá, en su origen, nombres evocadores y sinfín de montañas que hace de coro al gran solista, de acólitos al gigante Viñamala -Vignemale-. Montaña altiva, con incrustaciones de blanco, allí donde las nieves ponen su certificado de altura. Y unas pequeñas manchas de glaciar, hielo permanente, como sello de calidad. O denominación de origen.

Varios torrentes juegan en su cabecera a dar nacimiento al río Ara. Altas montañas funden su nieve, para alimentar su pubertad. Apreciables desniveles le dan impulso, fuerza y caudal para estirarse valle abajo. En la altura, los mínimos ibones (Lapazosa, Bernatuara, Año, Batanes, Buitres) mas numerosos que en todo el resto del Parque Nacional. Toda la cabecera del valle tiene prestancia, gran circo de montañas, muy cerrado, con los puertos y collados muy altos y aspecto imponente.

El valle, abierto y espacioso, donde festonean enormes laderas, pintadas de verdes praderas. Una belleza suave y serena, conferida por el color de la hierba, cambiante de tonalidad al paso de las nubes, el soplo de la brisa, el sesgo de los rayos solares. Prados, alguna garganta, el agua sirviendo de guía.

Ordiso. Se llega al piso montano. Arboles y fronda, en contraste con la tasca. El río se ha hecho grande, blanco de espumas y protesta, con sordo rumor, cuando la roca lo ahila en estrecho desfiladero.

El paisaje se abre. Al Sur, el valle y el circo de Otal, un regalo para los ojos, de estructura casi perfecta. Una gran sensación de paz. Marmotas. Algún sarrio y espeleólogos. Toda la montaña horadada, pozos y galerías sin cuento, tras la huella del trabajo del agua subterránea. Una travesía de casi 1200 metros de desnivel, con la mayor integral del mundo. Nuevas bellezas a inventariar entre múltiples recursos del Parque.

Al Norte, el camino del Puerto de Bujaruelo. Vía de comunicación, larga y antigua tradición de paso, intercambios e influencias. También polo estacional para el ganado, en función de pactos y rituales de siglos. Los rebaños han batido durante los años los caminos del valle.

San Nicolás de Bujaruelo, lugar pintoresco y grato, con solera de hospital de peregrinos y pastores, pequeña iglesia románica de la época de los templarios, parcialmente derruida y puente también románico de un sólo arco sobre las cristalinas aguas del Ara. Base de operaciones hacia trochas, pastos o cumbres. Gran decorado, cerrazón de montañas con mínimas aberturas. Adelantado del paisaje humanizado como organización del espacio. La vegetación acoge notables masas forestales, con el tejo como singularidad y las pendientes como frontón. Las miradas escalan los escarpados paredones de Gabietos y Gatera.

El río ha tomado fuerza para buscar su salida entre las verticales paredes. Una garganta, agreste y particular, con el agua cerca, verde en las pozas, blanca en los saltos, retorciéndose y haciendo quiebros para eludir obstáculos. La nota original del salto de Carpin. El valle hace honor a su nombre y se adorna de bojes. El río labra y vence la pétrea arquitectura del cañón y se presenta ante el valle, fuerte y caudaloso. Recibe al rió Arazas y, ya en la mayoría de edad, prosigue su viaje en busca del padre Cinca.

 

Bujaruelo

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